viernes, 15 de abril de 2016

L@s Educador@s Sociales. Etern@s desconodid@s

¡Hola queridos lector@s!

Hoy quiero visibilizar un poco mi profesión, o futura profesión según se mire, porque desde que terminé la carrera no he tenido la oportunidad de ejercer de ello, sin embargo, como dijo una gran amiga y compañera de clase, "la Educación Social es un estilo de vida", por lo que aunque no me paguen por ello, siempre la llevas dentro.

Sí, soy Educadora Social. ¿Y qué es eso? Os preguntaréis. Y no sólo siento la necesidad de explicarlo al mundo en general, sino que ni mi propia familia sabe lo que he estudiado. Pero eso no es lo único, también ocurre muchas veces que amigos y conocidos (con toda su buena voluntad y me siento agradecida por ello) me mandan ofertas de trabajo que me pueden interesar, pero cuando las miro veo que son para Trabajadores Sociales. SOY EDUCADORA SOCIAL, y la Educación Social y el Trabajo Social NO SON LO MISMO. 

Bien es cierto que la Educación Social es un término complejo, y que no hay una definición clara al respecto porque se trata de un concepto muy amplio, sólo hace falta observar las dos palabras por las que se compone. Voy a intentar dar una explicación de lo que es la Educación Social que sea entendible, e invito a mis compis de profesión a que comenten y añadan información si lo ven necesario. Los Educadores Sociales intervienen a través del ámbito pedagógico en diferentes contextos sociales, aunque en general trabajamos con grupos en riesgo de exclusión social (o ya excluidos), dotándoles de las habilidades necesarias para que puedan desarrollar su vida en plenitud y armonía con el resto de la comunidad. Fomentamos valores como la empatía, la inclusión, la interculturalidad, la escucha activa, la no violencia... 
Podemos trabajar con infancia, juventud, drogodependencia, igualdad de género, educación sexual, en prisiones, centros de menores, residencias, pisos tutelados, personas con diversidad funcional, orientación laboral, animación sociocultural, desarrollo comunitario, mediación, inmigración y un largo etcétera. 

Como veis nuestro campo de actuación es tan amplio que por eso se hace tan difícil explicar qué somos los educadores sociales, pero el motivo real, en mi opinión personal, es que somos tan necesarios y nuestras funciones son tan amplias porque la educación es a lo largo de toda la vida. ¿Cuál es el problema entonces? Son muchos los problemas a los que nos tenemos que enfrentar los Educadores Sociales.

El primero es que somos l@s etern@s desconocid@s. La Educación Social se lleva realizando desde hace muchísimos años de diferentes formas, pero de manera "profesional" tenemos muy poquitos años de vida. Además, en muchos sitios nos tachan de idealistas y nos quitan credibilidad, pero ¿si no hubiera personas que piensan que el mundo se puede mejorar, quién se esforzaría por mejorarlo? 

Por otro lado, nuestra "corta edad" también favorece el intrusismo laboral, pues por ejemplo, un Trabajador Social puede ejercer de Educador Social, por lo que suelen preferirlos antes que a los Educadores, además que tienen un dos por uno, Trabajador y Educador, eso sí cobrando un sueldo. Y que decir de las ofertas de trabajo en las que pone: "Se busca: Trabajador Social, Educador Social, Pedagogo, Psicólogo o Maestro para el siguiente puesto de trabajo..." ¿Perdón? ¿Alguien contrataría a un pintor como un albañil? ¿Alguien contrataría a un secretario para que le operase a corazón abierto? ¿Nos estamos volviendo locos? Cada profesional tiene sus funciones y ha estudiado o se ha formado para desempeñar un puesto de trabajo y porque las profesiones sean todas de la rama pedagógica no quiere decir que todos podamos hacer todo.

Y qué decir de la crisis... Los Educadores Sociales donde más trabajo podemos encontrar es en las Organizaciones Sin Ánimo de Lucro, las cuales viven a base de subvenciones con las que pagan a sus trabajadores, subvenciones que cada vez son menos, por lo cual a menos subvenciones menos trabajadores... Pero no pasa nada, porque podemos tener voluntarios que saquen el trabajo adelante... No estoy en contra del voluntariado como tal, pero sí del voluntariado utilizado para suplir trabajadores. Además creo que hay determinados ámbitos en los que no se debería utilizar el voluntariado, pues se necesita una formación para que esas personas sean tratadas de manera correcta. Nunca debemos olvidar que estamos con personas, no con muebles, y que nuestros actos van a tener sus consecuencias y sus repercusiones. 
He visto muchas atrocidades cometidas con el voluntariado pero la que nunca olvidaré fue la que viví en mi primer año de prácticas. No voy a decir cómo se llamaba la Asociación, sólo que trabajaba con personas con diversidad funcional, que tenían 350 usuarios (los cuales pagaban por las actividades que realizaban), además recibían subvenciones y sólo tenían 4 trabajadores en la Asociación. El resto de plantilla era gente en prácticas (más de 90 plazas ofertadas sólo en mi Universidad) y voluntarios. Pues bien, un fin de semana nos fuimos a un pueblecito a una casa, 3 chicas voluntarias y yo como monitoras y unos 16 o así usuarios de la Asociación. Ningún trabajador responsable, imaginaos si hubiera pasado algo, en fin. El segundo día, después de comer pusimos una película. De repente un chico se puso a chillar porque una compañera le estaba dando con el dedo en el brazo, y a ese chico no le gustaba que le tocaran. Una de las chicas VOLUNTARIAS se puso a chillarle al chico que se callase, que se estaba echando la siesta. Tuve que sacar al chico al jardín a dar un paseo, se puso a llorar y a decirme que nadie le quería. A mí se me partió el corazón. ¿Cómo una persona voluntaria, que está allí porque lo ha decidido y nadie le ha obligado puede comportarse de esa manera? Nunca entenderé lo que ocurrió ese día. 

Esto es un pequeño boceto de lo que somos los Educadores Sociales y a lo que nos tenemos que enfrentar. Espero que os haya servido para entenderlo un poquito mejor y que poco a poco vayamos adquiriendo el reconocimiento que merecemos.

¡Que tengáis un bonito fin de semana!



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lunes, 11 de abril de 2016

Malditos lunes

Hoy es lunes.

Es un lunes tan amargo que no tengo ganas ni de deciros ¡Hola querid@s lector@s!

Los lunes son como un grano en el culo, como un orzuelo o como esas legañas que se te pegan tanto que duele abrir los ojos. 
Son como un café con sal, como una despedida o como cuando se te clava una pincha en el dedo. 
Son como un día gris, como un helado derretido o como cuando te miente tu mejor amig@. 

Cuando es lunes, vemos el vaso medio vacío. ¡Malditos lunes, son como ir a mear y no echar gota! 

El lunes es el día por excelencia del "tierra tragame" y del "hoy no me puedo (quiero) levantar".

Los lunes no hay personas en el mundo sino muertos vivientes.


Y hoy, lunes, no tengo nada más que ofreceros. Sólo espero que vuestro lunes sea un poquito mejor

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jueves, 7 de abril de 2016

¿Tienes motivos para sentirte afortunad@?

¡Hola queridos lector@s!

Hoy se me ha roto el calentador y me he tenido que duchar con agua congelada. Esto me ha hecho pensar en algo en lo que normalmente reflexiono sobre ello, pero hoy lo voy a compartir con vosotr@s.

Es curioso como estamos acostumbrados a la buena vida. El simple hecho de no tener agua caliente durante unas horas trastoca por completo nuestras costumbres. ¿Quién no se ha desesperado alguna vez cuando nos cortan el agua durante unas horas porque hay obras, o cuando hay una tormenta y se nos va la luz durante media hora? Cuando ocurren este tipo de cosas entramos en un círculo de ansiedad, aburrimiento y nerviosismo porque no sabemos qué hacer sin electricidad. Podríamos encender un par de velas y jugar a juegos de mesa con la familia, leer un libro o simplemente charlar con los nuestros sobre qué tal ha ido el día. No, a nadie se le ocurre hacer este tipo de cosas. Nos ponemos histéricos, dando vueltas por la casa enfadados y deseando que vuelva la luz como locos.

Ahora pensemos en aquellas personas que viven en guerra rodeados de cadáveres y muertos de miedo. Aquellas personas que su casa ha quedado destruida, que a lo mejor ya no le queda familia y en cualquier momento pueden ser los siguientes. Que los pocos recursos que tienen son donaciones de alguna ONG y, obviamente, no tienen para todos.

Pero no es necesario estar en guerra para vivir en la miseria. También hay países muy pobres en los que niños tienen que recorrer kilómetros para conseguir agua (que más que agua es barro) o para ir a la escuela (si tienen la suerte de que haya alguna más o menos cercana). Y más que vivir, al igual que las personas en países en guerra, sobreviven.

Pero esto siempre lo vemos como algo muy lejano, como algo que sólo ocurre en los países del mal llamado "tercer mundo" y que a nosotros no nos puede pasar algo así. Pues nos habíamos equivocado, porque en España también hay personas que sobreviven. ¿Cómo os sentiríais si todos los miembros de vuestra familia estuvieran en paro y tuvieraís una ayuda de 300€ al mes para pagar casa, luz, agua, impuestos y además comer? ¿Y si en vez de una hora sin luz, os hubieran cortado el suministro porque no tenéis para pagar las facturas? Pero no sólo la luz, sino que tampoco tendríais calefacción en invierno ni agua caliente. ¿Y con la luz cortada cómo vas a cocinar? Eso sólo es el principio, pero después llega el deshaucio por el cual no sólo te quedas sin un techo bajo el que vivir, sino que se te queda una deuda de por vida y en cuanto alguién por fin consigue un trabajo, inmediatamente el banco le quita todo el dinero para saldar esa deuda que tienen pendiente. También hay familias que consiguen mantener una vivienda, pero en ella viven padres, hijos y abuelos en 60 metros cuadrados. 

Son muchas las personas que no son conscientes de esta problemática en España, porque vemos que la gente sigue comprando, llendo a los bares, saliendo a cenar o de vacaciones. Vemos el movimiento en las calles y este tipo de cosas sólo las vemos en las noticias y realmente no pensamos que nos pueda pasar a nosotros, pero nadie está libre de caer en la pobreza. Y yo quejándome de que hoy no tenía agua caliente, imaginar que no tuviera agua caliente ningún día y tuviese que ir a comer en algún comedor social. 

No seré rica, pero me siento afortunada de tener un plato caliente para comer cada día. ¿Y vosotr@s, creéis que tenéis motivos para sentiros afortunad@s?

















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