lunes, 14 de noviembre de 2016

Malditos hermanos pequeños

¡Hola querid@s lector@s!

Imagino que much@s de vosotr@s tendréis algún hermano o alguna hermana, incluso puede que tengáis vari@s. Yo, por suerte, solo tengo un hermano pequeño, que es de lo que os voy a hablar hoy.

Cuando era pequeña siempre estaba pidiendo un hermanito para tener a alguien con quien jugar, pero el hermanito nunca llegaba, por lo que ya perdí toda esperanza. Para mi sorpresa, con nueve años, me informaron de que el hermanito que tanto quería estaba en camino. Mi primer pensamiento fue ¿y yo ahora para que quiero un hermanito si ya soy mayor y voy a jugar con mis amigos por ahí?

Ya nada más nacer tuvo que copiarme el día de cumpleaños, menos mal que al menos el mes era diferente. El bebé se instaló en mi habitación durante un tiempo, hasta que finalmente me tuve que mudar a la habitación de al lado. Me desterraron sin miramientos, pero lo camuflaron pintándome la nueva habitación de rosa y comprándome una cama nueva, así para disimular y que no me quejase tanto. Yo , como era "mayor", también cambiaba pañales, bañaba a mi hermano, le daba el biberón... ¿Pero quién pide un hermanito para hacer todas estas cosas? Eso sí, cuando ya empezó a comer puré y potitos de frutas yo siempre era voluntaria para darle de comer, os podéis imaginar, dos para mi, una para él, claro, yo le decía a mi madre que me hiciera esos purés tan ricos, porque los míos no sabían ni parecido, y como no me los hacía tenía que robarlos.

Cuando ya llegó mi etapa del instituto, mi hermano siempre quería venir conmigo a todos lados. Se me pegaba como una lapa y me pedía que le comprase chuches. La verdad que he pasado mucho tiempo con él y mis amigas y yo le hemos gastado muchas bromas y nos hemos reído mucho. Curiosamente, me obedecía y raramente rechistaba por algo.

Lo peor (quitando los pañales malolientes puuajjj) viene cuando él se va haciendo mayor y va introduciéndose en la maravillosa edad del pavo. Ya no me obedece y se me pone chulito. Cuando discutimos se va a chivar porque sabe que me dirán que me calle ya, que es pequeño y que haga lo que le dé la gana. Tiene la poca vergüenza de pedirme propinillas (ni que fuese rica) y chivarse para que mis padres me digan tacaña y que le dé dinero. ¿Pero bueno, yo que soy, la hermana mayor o el banco de España? Y claro, como tus padres ya practicaron contigo, ahora al segundo hijo siempre se le deja hacer de todo, y ni se te ocurra protestar que a ti solo te dejaban hasta las 8 que en seguida resuena por el aire la palabra envidiosa. 

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Bueno, por otro lado, tod@s los herman@s mayores pensamos que podremos ayudar a los peques en sus problemas de adolescente. Pues no. El herman@ pequeñ@ siempre tiene la oreja puesta y se puede enterar de todo lo que tu hagas, pero a él/ella no le preguntes por su vida, que no abrirá la boca. ¿Tienes novia? Mirada indiferente. ¿Qué ha pasado en el insti hoy que se han peleado? Mirada indiferente. ¿Te vas ya de botellón? Mirada indiferente. ¿Has morreado ya? Mirada indiferente. Nada, no sé nada de nada, eso sí como a ti te pase algo allí lo tienes el primero para cotillear...


L@s herman@s pequeñ@s están bien cuando te llevas dos años de diferencia, pero cuando te llevas 10 pareces su madre y todas las cosas guay de hermanos no las puedes hacer, como ayudarle en el insti cuando se meten con él, ir juntos de fiesta, hablar de cosas de adolescentes... 

Hoy, mi hermano pequeño, el que ya me saca una cabeza, cumple 15 años. Aunque le odie a veces, quería dedicarle unas palabras porque no todos los días se cumplen 15 años. Cuando yo era adolescente los 15 años era la edad que más me gustaba (a parte de los 18 claro) así que espero que los aproveches bien. Aunque te parezca una abuela, espero que a partir de ahora me cuentes más tus cosas para que te pueda ayudar como tu hermana que soy, y que aunque estés en la edad en la que el mundo te da igual no me dejes en leído en el Whatsapp y cuando venga a verte no pases de mi. Y aunque seas un cabezón y un cansino, te quiero mucho porque eres mi hermano. ¡Felicidades!

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jueves, 10 de noviembre de 2016

Como sobrevivir a trabajar de cara al público

¡Hola queridos lectores!

No, no estoy muerta. Mi ausencia durante este largo tiempo se debe a estar de trabajo en trabajo intentando ganarme las habichuelas. Y por fin puedo decir que: ¡me he independizado! Que ya era hora… Y estoy muy contenta y orgullosa por ello. Y aunque el estar ocupada haya sido la razón de mi dejadez con el blog, también es por lo que escribo hoy.

Ayer en el trabajo, el típico cliente toca cojones me hizo un comentario que si por mí hubiera sido le habría estrangulado. Llegó en un momento en el que había poco personal y estaba yo sola atendiendo a la gente. Ya era tarde y a esas horas vienen muchas personas en estado más que lamentable, yo no daba a basto y se me olvidó darle los vasos a un chico. Primero se enfadó porque no le cambié un producto de una oferta, ya que las ofertas son de determinada manera y no se pueden cambiar, y ya con el rebote, cuando me pidió los vasos (que repito se me habían olvidado, pero nadie es perfecto) le pedí el ticket de compra para comprobar que no me estuviera engañando y darle o no los vasos para la bebida (algunas promociones van sin bebida) y aquí fue cuando me dijo, “¡que pocas ganas de trabajar tienes!”. ¿Perdón? ¿Tú te crees que si tuviera pocas ganas de trabajar estaría atendiéndote a ti, pedazo de gilipollas? Eso no se lo dije claro, porque trabajando de cara al público pase lo que pase, tienes que tener una sonrisa de oreja a oreja. Eso sí, por dentro me hervía la sangre y por mi cabeza pasaba de todo menos cosas buenas, mientras mi Pepito Grillo particular me ordenaba mantener la calma.

Y claro, para trabajar de cara al público además de una gran sonrisa, tienes que tener paciencia, muchísima paciencia. Voy a poner algunos ejemplos de las infinitas situaciones en las que tienes que aguantar como una campeona el chaparrón, porque ya sabéis lo que dicen, el cliente siempre tiene la razón.

Algo muy común que te puede ocurrir de cara al público es tener mucho trabajo y mucha prisa porque se te acumula todo y que te llegue la típica persona que se piensa que eres su psicólogo y te cuenta su vida. No le puedes cortar descaradamente porque ante todo hay que ser amable, por lo que las personas que trabajamos de cara al público poco a poco vamos adquiriendo la gran habilidad de cortar el rollo a las personas de manera sutil y delicada, de no ser así y si fuera por el cliente, pasarías toda la mañana, tarde o noche escuchando sus historietas que no te importan una mierda.
Otra de las cosas que tenemos que aguantar l@s trabajador@s, son unas broncas y quejas descomunales de personas muy mal educadas, que pretenden que les resuelvas la vida cuando eres la última mierda en la empresa. ¿De verdad no se dan cuenta que l@s emplead@s no somos los responsables de solucionar el mundo? ¿En serio no saben que en las empresas, hay jerarquías? ¿Y de verdad creen que si pudiéramos hacer algo, hablándonos de malas maneras lo haríamos, no es mejor decirlo con buen trato para que la persona que tiene el poder de solucionar tu queja tenga ganas de hacerlo? En fin… de mal educados está lleno el mundo y por eso es muy habitual encontrarte con clientes que en vez de verte como otra persona que está trabajando, se piensa que somos sirvientes que vivimos por cumplir sus deseos. O esos clientes impacientes que ven que no puedes con tu vida, que está todo a rebosar y quieren que les atiendas en un segundo. A éstos últimos les podría donar un poquito de mi paciencia para que vieran la vida con más tranquilidad.

Por último, una de las cosas que más me molesta que me digan es: “Ay niña, pero que joven eres para trabajar aquí ¿no? ¿No has pensado en estudiar algo y trabajar en lo que te gusta?” No señora, nooooo. Lo que pasa es que ya estudié pero el país está hecho una mierda y eso que me decían de estudia para tener un futuro mejor resulta que me lo podía haber ahorrado. Y además, ¿por qué desprestigian ciertos trabajos? Alguien tendrá que estar ahí para atender a la gente y que lo puedan pasar bien. Que no trabajo de lo que me gustaría, pues no, pero hay que comer, y me siento orgullosa de que no se me caigan los anillos y sacar mi vida adelante.


Pero no todo en la atención al público es desagradable. También hay clientes muy amables y alegres. Lo que más me gusta de trabajar de cara al público es cuando un cliente satisfecho me felicita y me da las gracias por mi trabajo, y de verdad que invito a todas las personas a que hagan esto con más frecuencia, pues l@s trabajador@s no somos muebles y nos sentimos muy bien cuando nos felicitan por nuestro trabajo. Y bueno, pese a ese tipo de clientes que he mencionado antes, he de decir que me gusta trabajar al público porque soy una persona muy sociable y siempre hay alguien que te alegra el día.

Y esto es todo por hoy, prometo que intentaré escribir con más frecuencia y ¡mucho ánimo a mis compis de profesión!

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